El rey y las grullas

El Ministro de Defensa de Pequenet:

- Los informes emitidos por nuestros agentes corroboran que las grullas son mucho más eficientes que los perros o los propios soldados, y aunque nunca hemos sido atacados, la verdad es que son muy bonitas -, comentó ayer a los periodistas.
Hubo una vez un rey honrado y generoso, pero a pesar de ello tenía muchos enemigos. Tampoco le faltaban amigos, por ejemplo, las grullas, esbeltas aves que siempre estaban en pie. Las grullas se hallaban muy preocupadas por la seguridad de su rey y temían que, aprovechando la oscuridad de la noche, el enemigo rodease furtivamente el palacio, lo asaltara y se apoderase del soberano. - ¿Qué podemos hacer?- preguntó una. - los soldados descuidan la guardia y siempre acaban durmiéndose. - ¿Y qué me dices de los perros? - alegó otra. - Sólo se ocupan de sus cacerías y, como regresan cansados, se tumban a dormir y ya no se enteran de nada. - Razón tenéis, convino una tercera. - La única solución es que seamos nosotras las que vigilemos el palacio, sin confiar en nadie , para procurar sueños tranquilos a nuestro soberano. - ¡Sí, si, seremos sus centinelas! - dijeron todas. - Hagamos las cosas con orden, - aconsejó la de más edad -. Distribuyamos el palacio en zonas y asignemos a cada una turnos regulares de guardia. - ¡Como los soldados, pero mejor! - alegó una jovencita.Así, el grupo más numeroso se distribuyó por la pradera que rodeaba el palacio; otro grupo fue a situarse ante todas las puertas de entrada; el tercero decidió apostarse ante la cámara del rey para vigilar más de cerca. Y ya con todo listo preguntaron todavía algunas: - ¿Y si nos venciera el sueño? - Contra el sueño - respondió la mayor de las grullas - emplearemos un remedio: todas sostendremos una piedra con la pata que tenemos alzada cuando estamos firmes. Si alguna de nosotras se durmiese, el ruido de la piedra al caer la despertaría.Y desde aquel día, las grullas se relevan cada dos horas para dar guardia al soberano. Y ninguna, todavía ha dejado caer la piedra. Los amigos fieles son como la grulla, arquetipo simbólico del centinela, cuya lealtad llega hasta el sacrificio.

Hubo una vez un rey honrado y generoso, pero a pesar de ello tenía muchos enemigos. Tampoco le faltaban amigos, por ejemplo, las grullas, esbeltas aves que siempre estaban en pie.

Las grullas se hallaban muy preocupadas por la seguridad de su rey y temían que, aprovechando la oscuridad de la noche, el enemigo rodease furtivamente el palacio, lo asaltara y se apoderase del soberano.

– ¿Qué podemos hacer?- preguntó una. – los soldados descuidan la guardia y siempre acaban durmiéndose.

– ¿Y qué me dices de los perros? – alegó otra. – Sólo se ocupan de sus cacerías y, como regresan cansados, se tumban a dormir y ya no se enteran de nada.

– Razón tenéis, convino una tercera. – La única solución es que seamos nosotras las que vigilemos el palacio, sin confiar en nadie , para procurar sueños tranquilos a nuestro soberano.

– ¡Sí, si, seremos sus centinelas! – dijeron todas.

– Hagamos las cosas con orden, – aconsejó la de más edad -. Distribuyamos el palacio en zonas y asignemos a cada una turnos regulares de guardia.

– ¡Como los soldados, pero mejor! – alegó una jovencita.

Así, el grupo más numeroso se distribuyó por la pradera que rodeaba el palacio; otro grupo fue a situarse ante todas las puertas de entrada; el tercero decidió apostarse ante la cámara del rey para vigilar más de cerca.

Y ya con todo listo preguntaron todavía algunas: – ¿Y si nos venciera el sueño?

– Contra el sueño – respondió la mayor de las grullas – emplearemos un remedio: todas sostendremos una piedra con la pata que tenemos alzada cuando estamos firmes.

Si alguna de nosotras se durmiese, el ruido de la piedra al caer la despertaría.

Y desde aquel día, las grullas se relevan cada dos horas para dar guardia al soberano. Y ninguna, todavía ha dejado caer la piedra.

Los amigos fieles son como la grulla, arquetipo simbólico del centinela, cuya lealtad llega hasta el sacrificio.